UNA CASA DA ALIVIO A LOS MIGRANTES

A unos pasos de la Plaza Belmonte está la Casa de Acogida Buen Samaritano, un lugar en donde los migrantes tienen un respiro y harto alivio a sus penas. Son de Venezuela, pero también de Colombia y de Cuba; todos son como una familia de familias.

¿No ve que hasta este lugar, enclavado en el corazón de San Blas, calle Antepara E4-55 y Ríos, llegan grupos de padres o madres con sus hijos menores de edad para rearmar sus vidas con una pizca de tranquilidad?

Jenny Pantoja, religiosa oblata y responsable de la Casa, rememora que en ese predio funcionaba la Unidad Educativa Luis Fidel Martínez, pero en el 2015 desapareció y se ideó otro proyecto. El 15 de diciembre del 2018 se plantó el refugio; hasta ayer estaban cinco familias albergadas.

Ese número baja o sube porque hay dos modalidades para acoger a los foráneosde tránsito, aquellos que están hasta cinco días; y estables que permanecen máximo un mes. Maritza Pérez, venezolana de 31 años, es huésped del refugió hace más de 15 días. La ubicaron en el segundo piso y la habitación la comparte con sus tres hijos de 13 y 5 años, y una bebé de un mes de nacida.

Da gracias a Dios de estar en este sitio porque se siente segura y no gasta ni un centavo. Antes vivía en un hotel en donde le cobraban USD 10 por día. Corrió con suerte, porque cuando se le acabaron los ahorros le hablaron de este sitio y fue volada.

No todos tienen chance de ingresar allí. Antes, un equipo de especialistas de Cáritas Ecuador es el encargado de valorar el ingreso y el tiempo de permanencia de las familias en la Casa. María José Escalona, técnica psicosocial, cuenta que se hacen varias entrevistas y una vez vistos los niveles de vulnerabilidad se decide la modalidad del ingreso.

Las familias tienen reglas de convivencia y se las direcciona para que generen espacios de subsistencia. ¿Cómo? Recordándoles sus habilidades fortalezas para que se ocupen en algo; aquello es complejo por la situación económica del país, pero se hace la lucha, señala Escalona.

Así que para buscar su fuente de subsistencia, los padres están obligados a salen a la calle entre las 08:00 y las 17:00. Los hijos, si así lo deciden, pueden ir con ellos o dejarlos con las religiosas oblatas quienes les enseñan juegos lúdicos y hablan de valores. Se hace eso porque el plan, como menciona Escalona, es hacer su proyecto de vida.

Antes de que salgan se van con un buen desayudo y a su vuelta los esperan con una merienda. A veces se les mima con un plato de la gastronomía de su tierra, agrega la religiosa.

Toda esa ayuda es posible porque la Casa de Acogida se sostiene con la generosidad de personas de buen corazón y algunas entidades públicas y privadas. El sitio puede albergar hasta 30 familias; o sea, unas 100 personas.

Para que esta labor continúe en el tiempo usted también puede acolitar, llevando cualquier cosita hasta San Blas. Lo que más hace falta son pañales leche para bebés, también productos no perecibles, menaje y prendas de vestir en buen estado. Si desean más detalles puede contactarse al 099 376 5340.

Marlene Morillo, abogada del Área Social de la Pastoral Cáritas, insiste que para ingresar en el refugio se hace una averiguación rigurosa de la familia aspirante. La prioridad es que sea un grupo de familia, porque eso es la esencia del lugar: proteger a los más guaguas.

En la Casa de Acogida también se activó otra fase de ayuda: el trabajo directo. Eso quiere decir que los migrantes pueden ir y solicitar alimentación, medicina o transporte; la atención es de lunes a viernes, de 09:00 a 17:00. Irán con confianza y bonitamente.

Ojo, la ayuda no será inmediata porque antes se deben hacer estudios y se priorizará a las familias que estén antes de los seis meses en la ciudad. También se hace una inserción laboral, algo que Maritza con sus tres hijos agradece hasta con las lágrimas.

Betty Beltrán
(I)

Enlace de la noticia, haga clic aquí

Be the first to comment

Leave a Reply