Nuestro fundador y cofundadoras

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El Padre Julio María Matovelle, nació el 8 de septiembre de 1852

Realizó su primera comunión, con gran fervor espiritual en el año de 1860.

Ingreso al colegio seminario de los padres Jesuitas en 1864

Fue nombrado en el mismo colegio seminario como profesor en el año 1870

Fundo la sociedad de la “Esperanza” para jóvenes en el año 1871

Como bachiller funda el Liceo de la “Juventud” y la revista la Luciérnaga en 1873

Recibe la investidura de Abogado en el año de 1877

Es ordenado Sacerdote el 21 de febrero de 1880

Fue Diputado para formar parte de la Asamblea Constituyente del país en el año de1883

Funda la Congregación de Sacerdotes Oblatos de los CC. SS.  El 6 de octubre   de 1884

Funda la Congregación de religiosas Oblatas de los CC: SS: de Jesús y María el 8 de abril de 1892, en la ciudad de Cuenca.

Es desterrado al Perú por el Gobierno Liberal en 1889, a su regreso se hace cargo de la construcción de la Basílica del Voto Nacional en 1892

Matovelle hombre polifacético. Nunca perdió su horizonte, lo condujo con seguridad a hacer siempre la voluntad de Dios, la meditación de Matovelle en torno a la pasión por Jesucristo, fue materia de preferencia y por esta razón, el contemplar al crucificado, pensaba que sus sufrimientos, no se podían comparar en nada, a los del Señor. Matovelle hombre de Dios, que busca con todas sus fuerzas agradar solo a Dios, siempre busca la perfección cristiana valiéndose del conocimiento que tenia de sí mismo, hablaba siempre la verdad en presencia de Dios.

Matovelle, muere con Neumonía en olor a santidad el 18 de junio de 1929.

Nuestras cofundadoras:


 

“Lirio fecundo de Oblación” quien supo ofrecer el mejor perfume de sus virtudes y convertirse en ofrenda agradable de constante Oblación en unión con Jesucristo, quien dejándolo todo emprendió el camino sublime de la Vocación Oblata para hacerlo “Todo por amor de Dios”.

 

 

 

 

 

 

Sus manos fueron pan de caridad, mansedumbre de paz y ternura de bondad. Se inscribió en el libro de los bienaventurados.

 

 

 

 

 

 

Observancia y luz de su congregación, a la que amó más que a su padre y madre. Hizo de la contemplación su cielo anticipado y del trabajo la fortaleza de las obras de Dios.

 

 

 

 

 

 

Hostia de sencillez y piedad. Apóstol entre los niños de la creación. Alegría mística de ser y de vivir la voluntad de Dios.

 

 

 

 

 

 

Silencio de amor. Pasionaria del eterno Señor. Arco iris de alianza. Cruz y calvario en su alma dolorida. Heroísta  con las heridas de Cristo.